“Vas a comer hasta el final, cuando ya todos hayan terminado.”
Camila estaba en terapia obligatoria y servicio comunitario.
Rodrigo esperando sentencia.
Doña Teresa viviendo con una prima.
Y cada domingo, yo cocinaba.
Todos comíamos juntos.
Y a veces Santiago decía:
“Abue, tú primero.”
Y yo sonreía.
No porque hubiera ganado.
Sino porque por fin dejé de pedir permiso para sentarme en una mesa que siempre fue mía.