PARTE 2 —¿Quién les dio permiso de tocar las cosas de mi hija?……

PARTE 2
—¿Quién les dio permiso de tocar las cosas de mi hija? —pregunté, pero mi voz salió tan dura que Claudia dejó la fruta sobre la mesa. Doña Laura ni siquiera bajó la mirada. Se acomodó el collar dorado y sonrió como si yo fuera una empleada reclamando de más. —No seas dramática, Fernanda. Nadie la está echando a la calle. Solo va a dormir con ustedes un tiempo. Claudia necesita ese cuarto más que ella. Caminé directo al baño. —Sofi, soy mamá. Abre, mi amor. La puerta se abrió apenas. Mi hija salió pálida, con los ojos rojos y el cabello pegado a la cara. Se me abrazó a la cintura con una fuerza que me rompió por dentro. —Me dijeron que si no ayudaba era una niña mala —murmuró—. Que el bebé no tiene la culpa de que yo sea consentida. Miré a Doña Laura. —A mi hija no le vuelves a hablar así. Claudia se levantó, acariciándose la panza. —Claro, como tú tienes todo fácil. Departamento bonito, esposo estable, hija sana. Yo estoy sola, embarazada y sin dinero. ¿Tanto les cuesta ayudar a la familia? —Ayudar no es invadir una casa ni humillar a una niña. En ese momento Daniel entró. Venía con la camisa arremangada, el rostro tenso y las llaves en la mano. Miró la sala llena de cajas, las cosas de Sofía en el suelo y luego a su madre. —Saquen todo. Ahora mismo. Doña Laura soltó una risa seca. —No empieces con tus desplantes. Tu hermana está embarazada. ¿Vas a dejarla dormir en un cuarto prestado mientras esta niña tiene espacio de sobra? Daniel caminó hasta Sofía y le tocó el hombro.