Mi suegra me abofeteó en mi boda. Meses después, hizo que mi esposo me abandonara mientras daba a luz. Al día siguiente, lo que vio en la televisión lo dejó en shock. ...

Parte 3 :
Yo recordaba haberla firmado deprisa en casa, después de cenar, embarazada de cuatro meses, porque Alejandro me aseguró que era un trámite rutinario ligado a una remodelación de la casa. Inés frunció el ceño.
—Esto está redactado de manera peligrosamente ambigua. No es una prueba definitiva de fraude, pero sí encaja con una estrategia de cobertura.
Salimos del despacho con una hoja de ruta clara: demanda de medidas civiles urgentes respecto a Mateo, requerimiento formal de documentación, preservación de mensajes y posibles acciones por coacción si aparecían más pruebas del intento de forzarme a aceptar un divorcio contrario a mis intereses. Yo estaba agotada, pero por primera vez desde la boda me sentía acompañada por algo más sólido que el cariño: un plan.
Aquella misma tarde recibió Inés una llamada inesperada. La hizo una mujer llamada Mercedes Sanz, antigua administradora doméstica de la familia Valcárcel-Alcázar. Había trabajado para ellos diecisiete años y conocía cada entrada, cada fiesta y cada discusión de aquella casa. Yo la recordaba bien: seria, correcta, siempre discreta. Fue despedida unos meses antes con una liquidación escasa y una promesa de “buenas referencias” que jamás llegó. Según dijo a Inés, había visto mi foto en una noticia digital sobre la agresión en la boda, ya filtrada por fin, y decidió hablar.
Nos citamos con ella en una cafetería cerca de la colonia Roma. Llevaba un abrigo beige gastado y un sobre de papel marrón. No dio rodeos.