“Qué curioso. A mí también me vieron todos cuando me dejaste sangrando, temblando y con una recién nacida en brazos.”
Entonces Doña Carmen le arrebató el celular.
“Vas a arrepentirte, muchacha. No sabes con quién te metiste.”
Elena sonrió apenas.
“No, señora. Usted no sabe con quién se metió. Confundió mi paciencia con miedo y mi silencio con ignorancia.”
Colgó.
A la mañana siguiente, Diego llegó al hospital con un ramo barato de flores y los ojos hinchados. Detrás de él venían Doña Carmen, Karla y dos tíos que antes ni la saludaban.
Karla entró grabando en vivo.
“Amigos, aquí está la mujer que quiere destruir a nuestra familia justo después de tener a su bebé.”
Varias enfermeras voltearon indignadas.
Elena no dijo nada.
Solo acomodó la cobija de su hija.
Entonces se abrieron las puertas del elevador.
El licenciado Herrera salió con una carpeta azul, acompañado por dos funcionarios y un guardia del hospital.
Diego dejó caer las flores.
Karla bajó el celular, pero ya cientos de personas habían visto la transmisión.
El abogado miró a Elena y luego a toda la familia.
“Apague ese teléfono. Ahora mismo. Lo que acaba de hacer también quedará anexado al expediente.”
Doña Carmen palideció.
“¿Expediente de qué?”
El licenciado abrió la carpeta.
“Fraude, abuso de confianza, acoso y solicitud de medidas de protección.”
Diego se apoyó en la pared, sin entender todavía que el verdadero golpe apenas iba a empezar.
Y cuando el abogado sacó el primer audio, Elena supo que nadie dormiría tranquilo hasta conocer la verdad completa…
PARTE 3
El cuarto quedó en silencio cuando la voz de Diego empezó a sonar desde el celular del licenciado Herrera.
“Después del parto va a estar vulnerable. Le decimos que, si quiere que mi familia acepte a la niña, tiene que firmar. Con eso controlamos las propiedades.”
Karla se llevó una mano a la boca.
Doña Carmen intentó interrumpir.