Isabel miró hacia la ventana, donde la luz empezaba a caer.
—Perfecto.
El móvil vibró.
Un nuevo mensaje de Marcos.
"Por favor, hablemos. No sabía que estabas tan mal. Podemos arreglarlo."
Isabel ni siquiera lo abrió completamente.
Borró el mensaje.
Después bloqueó el número.
Sofía la observó en silencio.
—¿Eso es todo?
Isabel miró a su hijo una vez más. Luego, por primera vez en mucho tiempo, se permitió sonreír de verdad.
—No.
Hizo una pausa.
—Esto es el comienzo.
Afuera, la vida seguía como siempre.
Pero dentro de esa habitación, todo había cambiado de dueño.
Y esta vez, Isabel no pensaba compartirlo.