—No quería que me amaras. Solo quería importar.
Cayetano dejó que una lágrima cayera sobre la nieve.
—Importas más de lo que imaginas.
No fue un discurso perfecto.
Fue torpe.
Fue humano.
Fue verdad.
Regresaron juntos.
Pero a veces el perdón no es el final de la historia…
sino el comienzo de la prueba más difícil.
Lo que la nieve no pudo romper…
la vida intentaría hacerlo.
Y cuando llegó la primavera en El Encino, nadie estaba preparado para lo que vendría.
Parte 2…

La primavera cambió el paisaje.
Brotes verdes rompieron la tierra donde meses atrás solo hubo blanco y silencio.
Pero no toda vida nace sin dolor.
Cayetano llevó a Luz hasta el claro donde descansaban las cenizas de Clara. El aire olía a tierra húmeda y resina de pino. Allí no había reproche. Solo memoria.
Sacó del bolsillo un collar de perlas antiguas. No brillaban por lujo, sino por historia.
—Era de mi madre —dijo, con la voz más vulnerable que ella le había escuchado—. Clara repetía que debía quedarse en la familia… para la mujer que criara a nuestros hijos.
El mundo pareció contener el aliento.
Cuando él lo colocó sobre su cuello, las manos le temblaban. No era un gesto romántico. Era una rendición.
—Ahora te veo.