“No los estabas protegiendo. Estabas permitiendo su crueldad”.
La voz de un abogado pasó por la pantalla:
“Señora. Varela, la línea de apoyo financiero será retirada a partir de mañana. El Grupo Cortés entrará en la revisión bancaria”.
Rodrigo entró en pánico.
“¡No puedes hacer eso! ¡La gente depende de esa empresa!”
“Es por eso que no lo cerré antes”, respondí con calma. “Los empleados estarán protegidos. Los contratos continuarán. Lo que termina hoy es tu privilegio”.
Doña Teresa empezó a llorar, pero demasiado tarde.
Rodrigo me contactó.
“Te amé...”
Di un paso atrás.
“No. Te encantaba sentirte por encima de mí”.
Le señalé al personal.
“Gracias por venir a cenar. La comida será donada. Puedes irte”.
“¿Nos estás echando?” Doña Teresa gritó.
Señalé hacia la puerta.
“En esta casa, la basura se saca los martes. Hoy es martes”.
Se fueron en silencio.
Sin risas. No hay orgullo.
Sólo la realidad.
Cuando las puertas se cerraron detrás de ellos, exhalé lentamente.
No fue venganza.
Fue paz.
Porque la riqueza real no se trata de lo que posees:
Se trata de saber cuándo alejarse de aquellos que solo te valoraban cuando pensaban que estaban por encima de ti.