El bebé millonario no comía nada, la limpiadora le dio leche materna y se salvó… pero el precio a pagar fue demasiado alto En la mansión más lujosa de la ciudad, donde todo era perfecto hasta el último detalle… existía un secreto del que nadie se atreví­a a hablar.

Todo… parece perfecto.

Hasta que un día—

El padre se da cuenta de algo.

Cada vez que su empresa crece de forma extraordinaria…

En algún lugar… alguien quiebra, se suicida o desaparece misteriosamente.

Cada “avance” suyo… siempre tiene un precio invisible.

Empieza a investigar.

Y finalmente… encuentra un patrón.

Todas esas “pérdidas”… coinciden con las veces en que su hijo pasa horas en silencio dentro de su habitación.

Como si… estuviera “tomando” algo.

Esa noche, el padre permanece mucho tiempo frente a la puerta del cuarto.

Su mano toca la perilla… y luego se detiene.

Por primera vez en muchos años, no piensa en dinero, poder ni en lo que puede perder.

Solo piensa en una cosa—

Si todo comenzó por su error…
entonces quien debe terminarlo… también debe ser él.

Abre la puerta.

El niño —ahora de 10 años— está de pie junto a la ventana, en silencio, como si ya lo estuviera esperando.

“Papá ya lo sabe, ¿verdad?” —dice con calma.

El padre se acerca lentamente.

“Sí… y lo siento.”

El niño inclina ligeramente la cabeza.

Una expresión extraña… como si nunca hubiera escuchado esas palabras.

“Lo siento… no cambia nada.”

El padre asiente.

“Es cierto. Pero aun así tengo que decirlo.”

Se arrodilla frente a él.

“Yo elegí mal. Pero tú… no eres el precio.”

Por primera vez, la mirada del niño vacila.

El padre saca algo—

Un viejo contrato, amarillento por el tiempo.

El mismo “trato” de aquel año.

“Voy a terminarlo.”

Sin esperar respuesta, le prende fuego.

Las llamas crecen, devorando cada palabra.