—¿Bailamos otra vez?
Él la miró… y esta vez no dudó.
—Claro.
No había orquesta. Solo una guitarra a lo lejos.
Pero era suficiente.
Porque ya no importaba el lugar.
Ni el pasado.
Ni lo que había perdido.
Solo importaba eso:
**tener con quién quedarse.**
Y mientras giraban entre risas imperfectas…
Don Esteban entendió algo que nunca antes había comprendido:
No necesitaba recuperar lo que fue.
Porque finalmente…
había encontrado algo mejor.
**Un lugar donde no tenía que ser importante…
para ser verdaderamente visto.**