En el divorcio, no pedí dinero ni la custodia de mi hijo. Solo pedí llevarme a su madre.

Condena por falsificación de documentos y administración fraudulenta.
Devolución del dinero.
Años sin poder administrar sociedades.
Y visitas condicionadas a tratamiento psicológico.

La noche en que firmamos la compra del departamento, Carmen me entregó un sobre amarillento.

Dentro estaba el comprobante de la transferencia.

Cien mil pesos.
“Compensación por traslado”.

—Guárdalo —dijo—.
—Es el dinero más rentable que ha gastado mi hijo.

Desde el pasillo, Santiago preguntó si podía pintar su habitación de azul.

—Solo una pared —respondió Carmen.

Yo miré a aquella mujer…

Y por fin entendí todo.

En el divorcio no me fui con los bienes de Alejandro.

Me fui con la única persona que sabía cuáles nunca habían sido suyos.