Comenzar lo más simplemente posible es el mejor curso de acción si te encuentras mirando una bolsa de productos sin etiqueta y no estás seguro de cómo usar lo que recibiste. El primer paso es lavar adecuadamente los ingredientes bajo agua corriente fría para deshacerse de cualquier último trozo de suciedad o escombros de jardín. Tome un pequeño sabor de una pequeña pieza cruda, si es seguro hacerlo, para aprender sobre su textura básica y perfil de sabor. ¿Es crujiente? ¿Es amargo, picante o terroso? Su proceso de cocción será guiado por estas señales sensoriales, que también le ayudarán a elegir su camino culinario. Puede encontrar que una hoja que pensaba que era amarga resulta ser sorprendentemente ligera cuando se cocina, o que una raíz que pensaba que era picante resulta ser dulce y crujiente.
La experimentación es esencial una vez que se tiene una idea del ingrediente. Un método muy simple y confiable para resaltar los azúcares naturales y los ricos sabores de las verduras es asarlos con un gran chorrito de aceite de oliva, una pizca de sal marina y un poco de pimienta negra recién agrietada. Alternativamente, puede convertir incluso el verde amargo más desalentador en un sabroso plato de acompañamiento salado salteándolos en una sartén caliente con mantequilla, ajo picado y cebollas. Agregar los artículos a los caldos hechos a mano, guisos robustos o sopas burbujeantes es una excelente manera de experimentar sin destruir una cena completa si está trabajando con un transporte más grande. El ajuste al nuevo plato se hace mucho más fácil por el proceso de cocción lenta, que permite que los sabores distintivos se mezclen armoniosamente con otros ingredientes conocidos.