La desaparición de una niña en 1998: tres años después, los hallazgos aún atormentan a los investigadores

Mark apretó el brazo de Sarah con más fuerza.

¿Cuánto tiempo tardaremos en saberlo con certeza? Las primeras pruebas durarán aproximadamente 72 horas.

Un examen forense completo llevará más tiempo.

Morrison los miró.

Disculpe.

Me hubiera gustado tener mejores noticias.

Mark ayudó a Sarah a levantarse rodeándola con el brazo por la cintura.

“Deberíamos revisar el caso de Emma”, dijo, dirigiéndose tanto a Sarah como al detective.

Ahora que han surgido nuevas pruebas, es posible que hayamos pasado algo por alto.

¿Tiene algún detalle que pueda ayudar a determinar quién hizo esto?

Morrison asintió.

Eso sería útil.

A veces, una nueva revisión de pruebas antiguas puede revelar conexiones que no habíamos visto antes.

Sarah se limpió las manos embarradas en los vaqueros, intentando calmarse.

Los archivos están en mi casa.

“Su voz sonaba distante e incoherente.”

—Te seguiré hasta allí —dijo Mark rápidamente.

“Juntos podemos superar cualquier desafío.”

Regresaron a sus vehículos en silencio.

Mark ayuda a Sarah a abrirse paso por un terreno difícil.

Detrás de ellos, el equipo forense reanudó su minucioso trabajo, fotografiando y catalogando cada detalle de la escena del crimen.

Sarah permaneció sentada en el coche durante unos minutos antes de arrancar el motor, mirando por el retrovisor mientras Mark subía a su camioneta.

El viaje de regreso a Pine Ridge pasó en un abrir y cerrar de ojos.

Sarah se encontró de vuelta en casa, en el mismo rancho de los años 70 del que Emma había desaparecido, sin recordar nada del viaje.

La camioneta de Mark estaba estacionada en la entrada de la casa, detrás de ella.

Hacía un calor sofocante dentro.

Podías encontrar recuerdos de Emma en cada esquina.

Su obra seguía colgada en el refrigerador.

Sus puntos de referencia de altura están dibujados a lápiz en el marco de la puerta de la cocina.

Su cereal favorito seguía en la despensa porque Sarah no podía tirarlo.

“Voy a prepararme un café”, dijo Mark, entrando en la cocina con la naturalidad de alguien que alguna vez había vivido allí.