MI ESPOSO ME ESCRIBIÓ DESDE CANCÚN: “ME ACABO DE CASAR CON MI COMPAÑERA”…

Liliana soltó una carcajada.

—Siempre fuiste una controladora. Por eso se fue con una mujer que sí lo hace feliz.

Miré a Rebeca. Ella no parecía feliz. Parecía asustada.

Esteban intentó caminar hacia la puerta.

—Voy a entrar por unas cosas.

—No.

—Es mi casa también.

—No, Esteban. Nunca lo fue. La escritura está a mi nombre desde tres años antes de conocerte.

Su rostro cambió. Por primera vez desde que llegó, entendió algo.

Yo no estaba improvisando.

Doña Margarita amenazó con llamar otra vez a la policía. Le dije que lo hiciera, pero que no olvidara contarles que su hijo se casó con otra mujer mientras seguía casado conmigo.

Rebeca susurró:

—¿Cancelaste las tarjetas?

Esteban volteó hacia ella, furioso.

—Cállate.

—¿Me dijiste que tenías dinero propio!

Yo crucé los brazos.

—Qué rápido se acaba la luna de miel cuando la tarjeta la pagaba la esposa vieja, ¿no?

El silencio les cayó encima como ladrillo.

Entonces dije, con toda la calma del mundo:

—Tienen una hora para llevarse todo. Después cierro la cochera.

Y mientras los veía cargar cajas bajo el sol de Querétaro, supe que aquella madrugada no había sido mi final.

Había sido el principio de algo mucho más grande.

PARTE 2

La paz duró exactamente dos días.