Yo no dije nada.
Solo sentí que, por fin, no estaba sola.
A veces la justicia no llega con gritos ni con venganza.
A veces llega cuando la verdad se pone sobre la mesa y obliga a todos a mirarse al espejo.
Porque una familia no se mide por el apellido, ni por el fraccionamiento, ni por los zapatos limpios.
Se mide por la dignidad con la que trata a quienes llegan cargando amor en bolsas sencillas.