—¿Por qué?
Dudó.
—Encontraron una carta…
El aire se volvió pesado.
—¿Qué decía?
Me miró por primera vez.
—Que si tú te ibas… ella se iba a matar.
Y que todo era tu culpa.
Pero eso no fue lo peor.
Lo peor fue que, cuando la policía preguntó qué había pasado…
ella no dijo que se cayó.
Dijo que yo la había empujado.
Parte 2…

Me quedé helada. No por el contenido. Por la manipulación perfecta. El chantaje final: convertir mi salida en un arma contra mí.
Valeria soltó una risa corta, incrédula.
—¿En serio? —dijo—. ¿Y tú te lo crees?
Diego no respondió. Me miró como si yo tuviera que resolverlo, como siempre.