Un hijo de 23 años golpeó a su madre en la cara.-YILUX

—No necesitas firmar para entender —dijo Elena, y su propia voz la sorprendió—.
Necesitas escuchar lo que sigue.

Diego volvió la cabeza hacia ella con algo cercano al desconcierto.
No estaba acostumbrado a oírla hablarle así, sin temblor, sin pedir permiso.

Elena respiró hondo.
Había ensayado esas palabras desde las cuatro de la madrugada mientras freía tortillas, calentaba frijoles y ponía la mesa como en un duelo.