Parte 2…

Guardé el sobre dentro de mi bata y salí del dormitorio justo cuando Alejandro entraba en la sala. Tenía la laptop en una mano y el teléfono pegado a la oreja. Sonreía como cualquier martes cualquiera, como si no existiera una transferencia oculta, una cuenta compartida utilizada a mis espaldas, y una mantita de Emiliano convertida en escondite. Colgó la llamada al verme y me besó en la frente.
“¿Todo bien?”, preguntó.
Durante un segundo estuve tentada de mostrárselo todo de golpe. Pero algo me frenó. Quizá fue el recuerdo de Carmen tirando la mantita con una calma demasiado estudiada. Quizá fue el hecho de que el dinero salía de una cuenta conjunta, no de una personal. Si había una mentira, no era improvisada. Llevaba tiempo construyéndose.
“Sí, todo bien”, respondí.
Esa noche esperé a que se durmiera Emiliano. Cogí la memoria y usé un adaptador viejo para abrirla en mi laptop. Había solo cinco archivos: tres fotos escaneadas, un PDF con capturas de mensajes y dos audios.
En la primera foto aparecía Alejandro abrazando a una mujer morena frente a una cafetería de barrio en la Colonia Condesa. La fecha, impresa en una esquina, era de nueve meses antes de mi boda civil.
En la segunda, él salía entrando a un edificio con la misma mujer y un niño de unos cinco años.
En la tercera, Carmen estaba con los cuatro sentados en una terraza. Todos sonreían. Todos parecían una familia.
Sentí un vacío seco en el pecho. Abrí el PDF. Eran conversaciones entre Carmen y Lucía. Mi suegra le escribía cosas como: “No te preocupes, yo hablaré con él” o “Sigue aceptando el dinero, lo importante es que el niño no pierda”.
En otra captura, Lucía decía: “No quiero problemas con su esposa, pero tampoco voy a seguir fingiendo que Emiliano es el único hijo de Alejandro”. Leí esa frase tres veces seguidas.
Puse el primer audio. Era la voz de Carmen, inconfundible, firme y fría: “Tú no aparezcas ahora. Él ya eligió. Yo me encargo de que Patricia no encuentre nada”.
El segundo audio era peor. Alejandro hablaba en voz baja: “Solo aguanta un poco más. Después vendo la parte del departamento de mi padre y cierro esto”.
Tuve que cerrar la laptop porque empecé a temblar.