Parte 3 :
—Lucía, estás alterada. No es momento para tomar decisiones.
—No, Beatriz. Precisamente porque llevo demasiado tiempo callada, este es el mejor momento.
Noté a mi madre detrás de mí, presente, sólida. No intervino. Ya me había devuelto algo que yo no sabía que estaba perdiendo: la posibilidad de hablar sin pedir permiso.
Miré a Alejandro.
—Tu madre me ha insultado delante de toda tu familia. No una vez: muchas. Pero hoy lo ha hecho sabiendo que ibas a sonreír y que yo iba a soportarlo. Y eso se ha terminado.
Él tragó saliva.
—Lucía, hablemos en privado.
—Has tenido dos años para hablar en privado. Cada vez que te dije que me dolía, me respondiste que exageraba. Cada vez que tu madre cruzó un límite, tú te quedaste quieto. Hoy no me falló solo ella. Me fallaste tú.
Aquello fue más duro de oír para él que todo lo demás. Lo vi en su rostro. Pero ya no era mi trabajo suavizarle la verdad.
Alicia se acercó a Beatriz.
—Mamá, deberías pedir perdón.
Beatriz la miró con una indignación casi automática.