**La Escena Robada**
Abrió la puerta lentamente, con la mano temblando sobre el asa de su maleta. Tras la rendija, no encontró una casa fría esperando su regreso, sino una escena tan cálida que la dejó congelada.
En la sala, cuyas paredes de piedra ella misma había elegido, estaba Omar con su risa de siempre, esa risa que ella creía de su propiedad exclusiva. A su lado, otra mujer apoyaba la mano en su hombro con una familiaridad aterradora, mientras una amiga cercana de la pareja charlaba con ellos como si nada pasara.
El aroma a té de jazmín inundaba el aire, y el pastel que a Omar tanto le gustaba estaba servido sobre la mesa. Todo era perfecto... excepto por la presencia de Laila tras la puerta.
El Hilo Invisible: Cuando el pasado sonríe frente al presente