El video del hotel que hundió a Daniel frente a toda la mesa de inversionistas

Yo no sabía si reír o llorar. Daniel me había encerrado para no arruinar su noche frente al único hombre que terminó encontrándome.

Cuando los paramédicos llegaron, me sentaron en una camilla junto al lavabo. Alguien me acercó una botella de agua. Mis manos temblaban tanto que no pude sostenerla. Salomón la tomó, desenroscó la tapa y me la sostuvo sin tocarme la cara.

«Despacio», dijo.

El agua me supo a metal.

Desde el pasillo llegó un murmullo creciente. La gala no estaba completamente vacía. Los inversionistas seguían en el salón, algunos con copas en la mano, otros esperando el discurso final de Daniel.

Entonces apareció él.

Daniel venía caminando rápido, con Clara detrás. Ella ya no sonreía igual. Su boca estaba pintada de rojo perfecto, pero los ojos le brincaban de un lado a otro.

«Susan», dijo Daniel, usando esa voz suave que reservaba para testigos. «Mi amor, ¿qué pasó? Te estábamos buscando.»

El silencio se dobló.

La mujer de limpieza bajó la mirada. Un guardia tragó saliva. Salomón no se movió.

Yo levanté la cara.

Daniel vio el saco de Salomón sobre mis hombros. Vio el pestillo roto. Vio al paramédico revisándome la muñeca.