—¡La dejé sin un peso! Que vea cómo sobrevive ahora —se reía el marido al salir del edificio del juzgado. Au

Porque Sofía no solo había empacado su ropa.

Parte 2…

Había reunido documentos, contratos, comprobantes de transferencias. Durante años había depositado puntualmente la mitad de la hipoteca en la cuenta común. Diego siempre lo llamó “gastos de la casa”. Sin embargo, en el contrato figuraban ambos como titulares con plenos derechos.

Meses antes, cuando empezó a sospechar que todo terminaría así, Sofía consultó a un abogado. Descubrió que tenía derecho no solo a retirar su parte, sino también a solicitar la revisión inmediata del crédito hipotecario en caso de divorcio.

Y eso fue exactamente lo que hizo.

El teléfono de Diego volvió a sonar. Era Doña Teresa.

—Diego, me acaba de llamar el banco. ¿Qué significa que la hipoteca entra en revisión urgente?

—Mamá, tranquila… —intentó mantener la voz firme.

—¡No me digas que me tranquilice! —replicó ella—. Esa mujer hizo algo.

Diego guardó silencio. Por primera vez sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

Cuando llegó al departamento con Valeria, se encontró con la puerta cerrada con una cerradura nueva. En el pomo había un sobre oficial.

Lo abrió con manos tensas.

“En virtud de la solicitud de revisión contractual presentada por una de las partes titulares, el inmueble queda sujeto a medidas preventivas hasta la reevaluación del crédito.”

Valeria dio un paso atrás.

—¿Qué significa eso?

—Significa… —tragó saliva— que el banco activó la cláusula.

El departamento que él consideraba suyo estaba ligado a un contrato que nunca leyó con atención. Sin los ingresos de Sofía y con la cuenta vacía, su capacidad crediticia se reducía drásticamente.

—Pero dijiste que todo estaba bajo control… —susurró Valeria.