—Mija, yo vendí tamales en la calle muchos años. Sé lo que es tener hambre.
Victoria tragó saliva.
—Señora Margarita, yo…
Mi madre levantó una mano.
No gritó.
No insultó.
No lloró.
—Pero nunca le di de comer a nadie como si fuera perro.
Dolores bajó la mirada por primera vez.
El acta se firmó esa tarde. Victoria tenía veinticuatro horas para salir de la casa. Sus amigas de Polanco dejaron de contestarle antes de que llegara la noche. Paulina entregó la memoria al Ministerio Público. Las empleadas declararon. El doctor firmó su reporte.
Cuando regresamos a la mansión, ya no sonaba música.
Rafael había quitado las copas del patio. Alguien había lavado el concreto, pero junto a las buganvillas seguía una línea pálida donde el arroz se había secado al sol.
Mi madre se quedó mirándola.
—Ahí fue, ¿verdad? —preguntó.
—Sí.
Caminó despacio hasta la silla donde Paulina le había puesto el chal. Tocó el respaldo. Después levantó la vista hacia las ventanas enormes de la casa.
—Tu papá hubiera dicho que está muy grande para dos personas.
—Entonces la llenamos de gente que sí sepa querer.
No sonrió. Solo apretó mi mano.
Esa noche, Victoria salió con tres maletas, sin mirar el patio. Dolores la siguió cargando una bolsa de piel. Antes de cruzar la puerta, Victoria se volteó hacia mi madre.
—Vas a extrañar quién te cuidaba.
Margarita no contestó.
Yo tampoco.
El portón se cerró con un golpe seco.
A las 11:40 p.m., mi madre pidió café de olla y un pedazo del pan de canela que yo había aplastado aquella tarde. La caja estaba deformada, pero un pan seguía entero.
Se lo serví en un plato de cerámica azul.
Ella comió despacito, sentada en la cabecera de la mesa grande.
No en el patio.
No junto a las perreras.
En la cabecera.
Cuando terminé de recoger la cocina, pasé por el patio una última vez. La noche estaba quieta. Las buganvillas se movían apenas con el viento. La Virgen de Guadalupe del pasillo tenía la vela apagada.
Y sobre la silla de hierro, doblado con cuidado, seguía el rebozo gris de mi madre, colgado como una bandera silenciosa bajo la sombra.