La que rezaba por su matrimonio, la que le guardaba comida aunque estuvieran peleados...

PΑRTE 3

Mariana caminó hacia la recámara, cargó al bebé que lloraba y volvió a la sala con él pegado al pecho. No lo hacía para esconderse detrás de su hijo. Lo hacía porque ese niño, en medio de tanta mentira, era lo único verdadero.

Diego estaba pálido.

“Explícame”, pidió, pero ya no sonaba enojado. Sonaba asustado.

Mariana respiró profundo.

“Después de nuestra última pérdida, yo también me estaba muriendo por dentro. Pero tú te cerraste. Dejaste de hablar del tema. Cada vez que mencionaba volver a intentarlo, cambiabas la conversación.”

Diego bajó la mirada.

“Porque no quería verte sufrir.”

“Y yo no quería rendirme.”

Mariana acarició la espalda del bebé.

“Un día regresé a la clínica de Coyoacán. Fui sola. Quería saber si todavía había alguna posibilidad. La doctora revisó el expediente y me dijo que quedaba una muestra tuya congelada de cuando hicimos el tratamiento anterior.”

Diego levantó la cabeza de golpe.

“No…”

“Sí. Una muestra tuya, Diego. Tu semen congelado. Me dijeron que no era seguro, que podía fallar, que no me hiciera ilusiones. Por eso no te lo conté. No quería verte decepcionado otra vez. Pensé que, si funcionaba, te daría la sorpresa más hermosa de nuestra vida.”

Diego se llevó una mano a la boca.

“Entonces…”

“Entonces me hice el procedimiento. Y funcionó.”

El bebé dejó de llorar, como si también esperara la respuesta de su padre.

Mariana habló más bajo:

“Este niño no nació de una traición. Nació de lo poquito que quedaba de nosotros antes de que los dos empezáramos a escondernos secretos.”

Diego se dejó caer en el sillón. Sacó el resultado del laboratorio otra vez, buscando una explicación imposible. Mariana se acercó, todavía con lágrimas, pero ya sin suplicar.

“¿Qué muestra mandaste?”

“El chupón.”

Ella cerró los ojos.

“¿Un chupón?”

“Lo metí en una bolsa y…”

Diego se detuvo.

Un recuerdo lo golpeó: aquella madrugada, nervioso, con el bebé llorando, él había recogido el chupón del piso, se lo había limpiado rápido con la boca, como hacen tantos papás sin pensarlo, y luego lo guardó.

La nota al final del resultado, esa que no había querido leer, parecía gritarle desde la pantalla:

Las muestras no estándar pueden arrojar falsos negativos si están contaminadas.

Contaminadas.

Diego sintió un vacío en el pecho.