La tiraron al Atlántico en medio de la noche. Shf A la mañana siguiente

No descansando sobre ella. Aferrándose. Las mandíbulas cerradas alrededor de la madera con tanta fuerza que los dientes se habían hundido en la tabla. Una pata delantera enganchada. El resto del cuerpo arrastrando en el agua helada.

Los ojos abiertos. Distantes. El cuerpo temblando en espasmos continuos.
Marcos maniobró el barco con cuidado. Cuando se inclinó para levantarla descubrió que físicamente no podía soltar la madera — los músculos mandibulares se habían bloqueado completamente. En lugar de forzarla y romperle la mandíbula, usó una sierra para cortar la tabla y la subió al barco con el trozo de madera todavía entre los dientes.
La labradora apenas reaccionó. Simplemente siguió mordiendo.