La gente pregunta si la valla de acero era excesiva.
Si fuera demasiado lejos. Si hubiera de haber reconstruido el de madera y seguir adelante.
Les digo lo mismo cada vez:
Ethan no solo derribó una valla. Derribó algo que construí con mis manos. Algo que representaba mi límite, mi privacidad, mi elección de vivir en mis términos.
Y cuando alguien hace eso, cuando literalmente borra su línea de propiedad y le dice que es para “comunidad”, no reconstruye la misma valla.
Construyes algo que nunca podrán derribar.
La valla de acero se encuentra. Sólido. Permanente. Un monumento al principio de que algunas líneas no se pueden cruzar sin consecuencias.
Ethan lo aprendió de la manera difícil.
Y cada vez que cierro esa puerta de acero por la noche, sé que el mundo se queda exactamente donde lo quiero:
En el otro lado.
EL FINAL