Me fui cinco días porque ya no soportaba ser la sirvienta de la familia de mi marido.

— Te lo prometo.

Lo miré. No sabía si cumpliría su promesa. Pero sí sabía una cosa: ya no era la misma mujer.

Más tarde le escribí a Fernanda:

«Ya volví. Fue duro. Pero por primera vez dije todo».

Me respondió casi de inmediato:

«Estoy orgullosa de ti».

Dejé el teléfono y miré alrededor del departamento.

Estaba desordenado. Pero estaba en silencio.

Y por primera vez, ese silencio no me daba miedo.