— Te lo prometo.
Lo miré. No sabía si cumpliría su promesa. Pero sí sabía una cosa: ya no era la misma mujer.
Más tarde le escribí a Fernanda:
«Ya volví. Fue duro. Pero por primera vez dije todo».
Me respondió casi de inmediato:
«Estoy orgullosa de ti».
Dejé el teléfono y miré alrededor del departamento.
Estaba desordenado. Pero estaba en silencio.
Y por primera vez, ese silencio no me daba miedo.