Mi marido me obligó a hacer de criada en su fiesta de ascenso, e incluso hizo alarde de su amante... pero todos se quedaron boquiabiertos cuando el jefe me hizo una reverencia y me llamó "Señora Presidenta".


Parte 3: La llegada del verdadero poder

Quince minutos después, la puerta principal se abrió de nuevo.

Un silencio extraño recorrió la sala.

Yo bajé las escaleras lentamente… ya no con el uniforme de sirvienta.

Llevaba el vestido que Laurent había tirado al suelo.

Cabello recogido, joyas discretas… excepto por un detalle: el broche familiar de los Morel, una pieza única que solo una persona en Europa podía poseer.

Algunos invitados empezaron a susurrar.

—¿Quién es ella…?

Laurent me miró, confundido… luego irritado.

—¿Qué crees que estás haciendo? —susurró con furia mientras me acercaba.

No le respondí.

Porque en ese preciso instante, otro hombre entró en la sala.

El silencio se volvió absoluto.

Era el CEO del grupo. El hombre que nadie esperaba ver en una fiesta “privada”.

Se acercó directamente hacia mí.

Y entonces ocurrió.

Se detuvo… inclinó ligeramente la cabeza… y dijo con respeto absoluto:

—Señora Presidenta.

El aire pareció desaparecer de la habitación.

Una copa cayó al suelo.

Alguien jadeó.

Laurent palideció.

—N-no… eso es imposible…

El CEO continuó:

—Lamento llegar sin previo aviso, señora Morel. Pero consideré necesario informarle personalmente de los resultados del trimestre de Horizon Global Holdings.

Ahora ya nadie dudaba.

Todos los ojos estaban sobre mí.

Incluidos los de Camille… que instintivamente se llevó la mano al collar.