Mi marido me obligó a hacer de criada en su fiesta de ascenso, e incluso hizo alarde de su amante... pero todos se quedaron boquiabiertos cuando el jefe me hizo una reverencia y me llamó "Señora Presidenta".

Parte 2: La humillación

La fiesta comenzó puntual, con risas, copas de champán y conversaciones superficiales llenas de ambición.

Yo me movía entre los invitados en silencio, con la bandeja en las manos, invisible… o al menos eso creía Laurent.

—Champán, señora —dije con voz neutra AU.

Algunos invitados apenas me miraban. Otros lo hacían con esa mezcla de condescendencia y desprecio que tantas veces había visto en el mundo de los negocios… cuando pensaban que alguien no tenía poder.

Entonces lo escuché.

—Queridos colegas —anunció Laurent, golpeando su copa—. Gracias por venir a celebrar mi ascenso. Esta noche marca el inicio de una nueva etapa.

A su lado, Camille sonreía, radiante, luciendo mi collar como si siempre le hubiera pertenecido.

—Y me gustaría presentarles a alguien muy especial… mi pareja.

Hubo murmullos de aprobación. Yo apreté la bandeja con fuerza.

Uno de los directivos preguntó:

—¿Y su esposa? ¿No iba a asistir?

Laurent soltó una risa despreocupada.

—Oh, Éléonore… no está hecha para este tipo de eventos. Prefiere quedarse en casa.

Camille añadió, con falsa dulzura:

—Algunas personas simplemente no están a la altura.

Las risas estallaron.

Fue en ese momento cuando decidí que ya había visto suficiente.

No dije nada. Dejé la bandeja en la cocina… y subí a nuestra habitación.

Pero esta vez, no para esconderme.