PARTE 2
Mauricio llamó 34 veces antes del mediodía. No respondí ninguna. Estaba sentada en el despacho de mi abogada, Fernanda Salcedo, con una carpeta llena de documentos que llevaba semanas guardando en silencio. En la mesa había estados de cuenta, facturas, correos impresos, escrituras de la casa y reportes internos de Camino Real Distribuciones. Fernanda vio el video completo sin interrumpir. Cuando Graciela dijo que Mauricio debía quedarse con “lo suyo”, mi abogada cerró la laptop y me miró con una calma helada. —Esto no empezó ayer, ¿verdad? Negué con la cabeza. Durante meses, el área financiera había encontrado gastos raros en la tarjeta de Mauricio: cenas de 18 mil pesos, hoteles en Puebla, regalos enviados a direcciones particulares, gasolina cargada en fines de semana en los que decía estar cuidando a su madre. Yo había querido creer que eran descuidos. Pero los correos contaban otra historia. Mauricio le reenviaba a Graciela información sobre contratos, cuentas, propiedades y movimientos de la empresa. Ella sabía cuánto facturábamos, qué clientes eran más fuertes y qué terrenos estaba considerando comprar para ampliar bodegas. No era solo una suegra abusiva. Era una familia mirando mi trabajo como si fuera un botín. —Podemos despedirlo con causa —dijo Fernanda—.