Parte 2 Javier entró sonriendo, con Paola detrás....Aze

En lo civil, el divorcio se resolvió sin derecho alguno sobre la vivienda y tuvo que asumir parte de los gastos legales.
No hubo escena final, ni súplica ni redención. Solo firmas, plazos y una derrota seca.
Seis meses después de aquella mañana, pinté la cocina de blanco roto. Tiré la mesa donde me había gritado y compré otra pequeña, redonda, junto a la ventana.
Laura vino a ayudarme a acomodar las sillas. Brindamos con té, no con café.
Al cerrar la puerta esa noche, pasé la mano por la cerradura nueva y entendí algo simple: yo no había huido de mi casa; había expulsado de mi vida a quien creyó que podía convertirme en su propiedad.
La última vez que supe de Javier fue por una transferencia judicial con el concepto de indemnización. La miré unos segundos, cerré la aplicación del banco y seguí ordenando mis libros.
Afuera llovía sobre Ecatepec. Dentro, por fin, no mandaba nadie más que yo.
Javier se fijó enseguida.
—¿Qué haces con esas llaves?
Respiré hondo.
—El departamento es mío. Mi abogada va a solicitar medidas hoy mismo.
No esperaba el cambio de color en su cara. Había vivido seis años ahí y aun así hablaba del lugar como si le perteneciera por derecho.
Paola reaccionó peor.
—No puedes dejar a mi hermano en la calle.
—Yo no lo dejé en la calle —contesté—. Él me quemó la cara en mi propia cocina.