—Atentos —ordenó—. Si el perro reacciona, nadie se mueve.
Parte 2 La orden que lo cambió todo: un K9 se negó a atacar a un anciano
—Atentos —ordenó—. Si el perro reacciona, nadie se mueve.
En el extremo del muelle, un anciano permanecía sentado en un banco gastado por la sal. Su espalda recta hablaba de años de disciplina, aunque el tiempo ya le hubiera quitado vigor. Se llamaba Ernesto Salgado. Con las manos apoyadas sobre las rodillas, transmitía una calma extraña, como si antes hubiera sostenido responsabilidades mucho más pesadas.
A su lado, pegado a él como una sombra fiel, estaba un pastor alemán.
El animal se apoyaba en Ernesto con una naturalidad que no parecía fruto de un simple encuentro casual. Sus ojos no tenían la mirada típica de un perro entrenado: había en ellos algo más profundo, tejido con recuerdos, lealtad y una historia que nadie allí conocía.
Ernesto acarició el lomo con dedos levemente temblorosos. Le salió un susurro, casi sin pensarlo: