PARTE 2 —¿Quién les dio permiso de tocar las cosas de mi hija?……

De Doña Laura supimos poco. Claudia terminó viviendo con ella, y la ayuda que tanto exigían se convirtió en pleitos diarios, reproches y cuentas sin pagar. Yo no celebré su caída. Pero tampoco sentí culpa. Porque una familia no se mide por quién grita más fuerte ni por quién comparte apellido. Se mide por quién protege a un niño cuando alguien intenta quitarle su lugar. Doña Laura llegó convencida de que podía sacar a mi hija de su cuarto. Pero se fue entendiendo algo que jamás imaginó: la casa que quiso invadir nunca fue de su hijo, y la niña que quiso humillar nunca estuvo sola.