PARTE 2 —¿Quién les dio permiso de tocar las cosas de mi hija?……

Mostró sus dibujos arrugados, su ropa en la bolsa negra, el papel pegado en la caja: “CUARTO DEL BEBÉ”. El oficial miró a Doña Laura con seriedad. —Señora, esto no parece un malentendido. Parece una entrada no autorizada y un acto de intimidación contra una menor. Doña Laura volteó hacia Daniel. —Diles algo. Soy tu madre. Daniel tomó la mano de Sofía. —Ya dije lo que tenía que decir. Mi familia está aquí. No levantamos una denuncia formal esa noche porque Sofía estaba agotada y no quería verla declarar entre desconocidos durante horas. Pero exigí que se registrara el incidente, cambié las cerraduras al día siguiente y pedí a la administración prohibirles la entrada. Don Rogelio entregó 2 copias de la llave; después confesó que Doña Laura había mandado sacar una tercera “por prevención”. Los vecinos vieron cómo sacaban cada caja de regreso a la camioneta. Claudia lloraba de coraje. Doña Laura caminaba rígida, con la cabeza baja, sosteniendo la cuna que había querido instalar en el cuarto de mi hija. Esa noche, Daniel se sentó en el piso junto a Sofía y le pidió perdón. —Nunca debí permitir que mi mamá te hiciera sentir menos. Este cuarto es tuyo, pero más que eso, esta casa es tu refugio. Sofía lo abrazó en silencio. Luego me miró y preguntó si podía volver a colgar sus dibujos. —Todos los que quieras —le dije. Pasaron meses antes de que dejara de sobresaltarse cuando alguien tocaba el timbre. Pero poco a poco volvió a reír, a dibujar, a bailar en calcetas sobre el piso de su cuarto.