PARTE 2 Shf Esa noche dormí a ratos, entre el dolor, los medicamentos y el pitido constante……

Me dio vergüenza. Le dije que no quería molestarla. Ella respondió:
—No es molestia aceptar ayuda cuando una acaba de salir de cirugía. En el camino no hablamos mucho. Yo miraba por la ventana la ciudad como si fuera ajena. Personas comprando pan, niños saliendo de la escuela, vendedores empujando carritos de fruta. El mundo seguía funcionando aunque yo casi me hubiera ido de él sin que mi familia se moviera de una carne asada. Al llegar a mi departamento, la doctora me acompañó hasta la puerta. Vio la sala silenciosa, la taza sobre la mesa, las fotografías de Andrés y Mateo. No preguntó de golpe. Sólo dejó los medicamentos en la cocina y dijo: —¿Tiene alguien que pueda quedarse con usted? Abrí la boca para mentir otra vez, pero ya no pude. —No —dije—. Mi esposo y mi hijo murieron. Mi familia… está ocupada. Valeria asintió con una tristeza discreta. Luego fue por sopa, yogur, té y pan suave. Guardó todo en mi refrigerador como si fuera lo más normal del mundo. Antes de irse me preguntó algo que me atravesó más que la cirugía: —¿Por qué sigue dando tanto a personas que no vienen cuando usted llama? Esa noche no pude dejar de pensar en la pregunta. Pensé en mi infancia, en cómo Lucía siempre era “la sensible”, “la soñadora”, “la que necesitaba paciencia”, mientras yo era “la fuerte”, “la seria”, “la que podía con todo”.