Pensé en mi mamá diciendo que yo debía entenderla porque Lucía no era tan resistente como yo. Pensé en los tres años de renta, en las transferencias, en los mensajes de auxilio que yo sí respondía a cualquier hora. Y entonces me llegó una idea terrible y liberadora: si yo hubiera muerto en ese hospital, ellos habrían llorado, habrían subido fotos conmigo, habrían escrito que fui una mujer maravillosa… y después alguien habría preguntado quién iba a pagar ahora la renta de Lucía. A la mañana siguiente, con las manos temblando, abrí la aplicación del banco. Allí estaba: transferencia automática mensual. Le di cancelar. La pantalla preguntó: “¿Está segura?” Respiré hondo. Pensé en la foto de la margarita. Pensé en mi mensaje diciendo “tengo miedo”. Pensé en la palabra entregado sin respuesta. Presioné “sí”. Fue un movimiento pequeño, casi ridículo. Pero sentí que una puerta enorme se cerraba detrás de mí. Por primera vez en tres años, el próximo primero de mes mi dinero se quedaría conmigo.
PARTE 2 Shf Esa noche dormí a ratos, entre el dolor, los medicamentos y el pitido constante……