Sebastián, escúchame bien.....

A algo peor.

A reconocimiento.

Me enseñó la pantalla.

Era un mensaje nuevo.
Número desconocido.

Solo una frase:

“Si ya abriste la guerra, dile a Sebastián que pregunte quién firmó como tutor de la niña Herrera el año en que él cumplió ocho.”

Levanté la vista.

Mi padre seguía ahí.

Mi madre lloraba.

Patricia parecía rota.

Y de pronto entendí que el audio, la detención de Lucía, el testamento, las empresas… todo eso tal vez no era el fondo.

Tal vez apenas acabábamos de tocar la tapa.