Mi madre quiso defender una cena elegante y terminó perdiendo al hijo que pagaba en silencio.
Pero ganó algo más difícil de comprar: una familia que aprendió, aunque tarde, que el amor sin límites puede convertirse en abuso.
Y si alguien se enoja con esta historia, quizá es porque todavía espera sentarse a la mesa mientras otro paga la cuenta y aguanta la humillación.