PARTE 3 FINAL
Dos días después, Mark me llamó.
No contesté.
Me dejó un mensaje.
“Bro, creo que te tomaste todo demasiado personal.”
Eso me hizo reír.
Demasiado personal.
Como si humillar a alguien públicamente fuera una simple diferencia de humor.
Como si Emma hubiera sido un accesorio para una noche divertida.
Lo borré sin responder.
En cambio, le escribí a Emma.
Terminamos cenando juntos esa semana.
Luego otra vez.
Y otra.
Lo curioso fue que nunca sentimos necesidad de impresionar al otro.
No había juegos.
No había actuaciones.
Solo honestidad.
Emma me contó que pasó años evitando citas porque estaba cansada de hombres que la trataban como un fetiche o como un favor caritativo.
Yo le conté cuánto tiempo llevaba sintiéndome desconectado de la superficialidad de muchas relaciones.
Y poco a poco, sin planearlo, empezamos a construir algo tranquilo.
Algo sólido.
Meses después, la llevé a una reunión donde estaban varios de los mismos amigos.
La diferencia fue brutal.