Ahí entendí algo que nadie te dice antes de tener hijos:
El amor no te vuelve invencible.
Puedes amar hasta doler… y aun así necesitar ayuda.
Mientras acomodaba la manta, mi celular vibró otra vez.
Un mensaje privado.
Mi esposo.
“Tenemos que hablar.”
Esa frase nunca trae buenas noticias.
Y no era la primera vez que algo se rompía con esas palabras.
Entonces recordé:
Él no fue conmigo esa mañana.
No preguntó cómo estaba yo.
Solo preguntó por el bebé.
Y por primera vez desde que nació mi hijo, me hice una pregunta que dio miedo admitir:
¿Quién me estaba cuidando a mí?
Si nadie lo hacía…
¿Tendría que empezar a hacerlo sola?
Apreté a mi hijo contra mi pecho.
Y supe que la verdadera pelea apenas iba a comenzar.
Respiré profundo.
“Sí. Tenemos que hablar.”
Y esa noche… estaba a punto de enfrentar una verdad que nadie había querido ver.
Dejé a mi hijo con mi madre para poder dormir 14 horas…Au