Después de la bofetada, descubrí que mi hijo y mi nuera planeaban quitarme todo

Su boca se tensó apenas.

—Usted nos prometió ayudar.

—Yo prometí ayudar. No prometí que falsificaran mi firma.

Mateo pasó la mano por su cara, fastidiado.

—Mamá, ya bájele. Todo esto era para la familia.

—¿La familia? —pregunté—. ¿La misma familia que se rió cuando su hijo me golpeó?

Se hizo un silencio corto. No incómodo. Frío.

Sofía cruzó los brazos sobre el pecho.

—Ay, por favor. Fue una bofetadita. Santiago es un niño.

Yo la miré.

—Un niño aprende lo que ve en su casa.

Ella sonrió sin alegría.

—Y usted siempre ha sido demasiado sensible para todo.

Entonces tomé el correo y lo levanté frente a los dos.

—Explíquenme esto.

Mateo no lo quiso mirar. Sofía sí. Sus ojos bajaron a la frase y por primera vez vi en su cara algo parecido a una grieta.