El Ejemplo a Través del Sacrificio Personal
San Martín no solo dirigía ejércitos; él encarnaba los valores que exigía a sus subordinados. Era común verlo sentado con aguja e hilo, remendando los desgarros de su propio capote o cosiendo botones flojos, negándose a recibir tratos especiales por su rango. Su austeridad llegaba al punto de usar sus botas hasta que quedaban prácticamente inservibles, enviándolas al zapatero remendón para renovar suelas y tacones en lugar de estrenar calzado nuevo. Esta ética del esfuerzo se trasladaba al campo de entrenamiento: él mismo instruía en el manejo de las armas. Las melladuras en el filo de su icónico sable corvo son el testimonio físico de un comandante que jamás daba una orden que él mismo no pudiera cumplir, ganándose el respeto absoluto de sus hombres a través del ejemplo directo.