Iban a cremar a su esposa embarazada, pero él suplicó abrir el ataúd una última vez: cuando el vientre de ella se movió, detuvo todo sin imaginar el escalofriante secreto familiar que estaban a punto de descubrir



El empleado palideció al instante. Alguien en la parte de atrás murmuró que probablemente era 1 espasmo cadavérico. Otro empleado intentó explicar que el cuerpo humano libera gases acumulados después del deceso. Pero Mateo ya no escuchaba a nadie. Se inclinó por completo sobre el ataúd, tomó los hombros fríos de su esposa y comenzó a sacudirla con una mezcla de terror y esperanza.

—¡Valeria! ¡Valeria! ¡Mi amor, por favor, háblame!

El rostro de la mujer no cambió. Siguió atrapado en ese sueño de cera. Pero debajo de sus manos, en el centro de su cuerpo, la vida seguía luchando. Había 1 fuerza vibrando allí que definitivamente no le pertenecía a la muerte. Era 1 llamado desesperado desde la oscuridad.

Nadie en esa sala podía respirar, atrapados en una atmósfera donde el terror y el milagro chocaban violentamente, dejando en el aire una sensación escalofriante: era absolutamente imposible creer lo que estaba a punto de suceder.