Iban a cremar a su esposa embarazada, pero él suplicó abrir el ataúd una última vez: cuando el vientre de ella se movió, detuvo todo sin imaginar el escalofriante secreto familiar que estaban a punto de descubrir

PARTE 2

—¡Llamen a una ambulancia ahora mismo! —gritó Mateo sin apartarse del ataúd.

La tensión explotó en la sala como un cristal rompiéndose. Uno de los empleados salió corriendo hacia recepción mientras otro intentaba mantener la calma entre los familiares. Doña Carmen se levantó tambaleándose, aferrada al rosario, murmurando oraciones entre lágrimas.

Pero Mateo ya no escuchaba nada.

Solo observaba el vientre de Valeria.

Y entonces volvió a pasar.

Otro movimiento.

Más fuerte.

Más desesperado.

Como si algo dentro estuviera peleando por sobrevivir.

Un silencio helado recorrió el crematorio entero.

Cuando los paramédicos llegaron minutos después, revisaron rápidamente el cuerpo. Uno de ellos negó con la cabeza tras buscar signos vitales en Valeria.

—No hay pulso…

Mateo sintió que el mundo se derrumbaba otra vez.

Pero el segundo paramédico colocó un monitor portátil sobre el abdomen de la mujer y frunció el ceño inmediatamente.

—Espera…