La criada vendida por maíz que hizo arrodillar a cuarenta lobos del Rey Alfa

—Le llevaron tres mujeres para ser su Luna. Una murió. Las otras dos siguen vivas, pero ya no hablan.

El jabón se le resbaló a Belén de los dedos.

—¿Él las lastimó?

Teresa apretó la sábana entre las manos.

—No con las manos.

Eso fue peor.

Durante dos semanas, Belén hizo lo que le ordenaron. Se levantaba antes del alba. Limpiaba escaleras. Cargaba agua. Servía comida a lobos que pasaban junto a ella sin verla. Aprendió qué puertas rechinaban, qué guardias apostaban en los corredores, qué criadas lloraban de noche con la cara enterrada en las mantas.