Parte 2: Las sombras de Monterrey
No llamé a la policía.
Tal vez debí hacerlo. Tal vez cualquier hombre sensato lo habría hecho. Pero en ese instante yo no era un hombre sensato. Era un padre mirando a su hija destrozada sobre una camilla.
Y quería sangre.
Víctor me alcanzó en el pasillo.
—Ignacio, piensa bien lo que vas a hacer.
—¿Tú viste su espalda? —gruñí—. Alguien la torturó.
—Precisamente por eso debes mantener la cabeza fría.
Me entregó una bolsa transparente. Dentro estaba el teléfono de Valeria.
—Lo encontraron entre su ropa.
La pantalla estaba rota, pero todavía funcionaba. Entré usando la fecha de cumpleaños de su madre. Valeria nunca había sido buena escondiendo contraseñas.
Había decenas de llamadas perdidas de Rodrigo.
Y un solo mensaje archivado, enviado dos horas antes de que la encontraran.
NO CONFÍES EN ÉL. SI DESCUBRE LO DE MONTERREY, TE VA A MATAR.
El remitente no tenía nombre.
Escribe "OK" abajo si quieres continuar y te la enviaré inmediatamente
Mi madre quería una casa a su nombre y mi esposa se negó; después del nacimiento, esa decisión convirtió la primera semana de mi hijo en una pesadilla que terminó ante un juez.
La hija que pagó dos años de cárcel por su hermano llegó a la puerta familiar, y su cuñada embarazada la recibió con alcohol, desprecio y una traición imposible de perdonar.
PARTE 2 —¿Quién les dio permiso de tocar las cosas de mi hija?……
“Después de dar a luz,Cu y cuando mi esposo vio la cara de nuestro recién nacido, comenzó a escabullirse todas las noches: la verdad me rompió el corazón”.