Su madre humilló a su esposa embarazada en una cena elegante y le dijo “come en el baño”

—¿Por el berrinche de tu mujer?

—Por la forma en que trataste a mi esposa.

—Ay, por favor. Las embarazadas de antes no hacíamos esos dramas. Lucía exagera porque sabe que tú le celebras todo.

Sentí una calma extraña.

—No, mamá. Lucía no exagera. Tú te acostumbraste a que nadie te pusiera un límite.

Colgué antes de que su llanto falso me hiciera dudar.

Por la tarde llamó Patricia, furiosa. Dijo que el banco le había pedido actualizar sus pagos, que Luis estaba enojado, que no podían cubrir la casa si yo dejaba de ayudarlos.

—Tú sabes que estamos construyendo nuestro futuro —reclamó.

—No, Paty. Estaban construyendo su futuro con mi dinero.

—Somos tu familia.

—Lucía también lo es.

—Ella ni siquiera sabe comportarse en un restaurante caro. ¿Ahora vas a preferir a una enfermerita sobre tu propia sangre?

Ahí se terminó cualquier duda que me quedaba.

Esa misma noche llegaron los 3 a mi casa sin avisar. Mi madre entró primero, con un rosario en la mano, como si eso la hiciera inocente. Patricia venía con los ojos rojos de coraje. Luis caminaba detrás, incómodo.

Lucía estaba en la sala doblando ropita de bebé. Al verlos, se puso de pie con esfuerzo.

—Buenas noches —dijo, todavía intentando ser amable.

Mi madre ni la miró.

—Vine a hablar con mi hijo, no con ella.

—Entonces viniste al lugar equivocado —respondí—. Esta también es su casa.

Patricia soltó una risa amarga.

—Claro, ya entendimos. Ahora ella manda.