Dejé a mi hijo con mi madre para poder dormir 14 horas…Au



Llamé.

Contestó al segundo timbrazo.

—¿Ya despertaste?

Su voz era distinta. Más suave.

—¿Está bien?

Hubo una pausa breve.

—Está bien. Comió. Durmió bastante. Solo lloró un rato en la tarde. Lo cargué y se calmó.

El aire volvió a mis pulmones.

—Gracias…

Silencio.

Luego:

—Hija… ¿qué te pasa?

Esa pregunta me desarmó más que cualquier acusación.

Nadie me había preguntado eso.

No “¿cómo pudiste?”, no “¿qué van a decir?”. Solo: ¿qué te pasa?

Me senté en la cama y algo dentro de mí cedió.

—No duermo. No como bien. Tengo miedo todo el tiempo. Miedo de que deje de respirar. Miedo de hacerlo mal. Hay días en que llora y yo lloro con él… y otros en que quiero salir corriendo.

La línea quedó en silencio.

—Pensé que podía con todo —seguí—. Que las madres pueden con todo. Pero siento que me estoy apagando.

Mi mamá respiró hondo.