Me apoyé contra la pared porque las piernas dejaron de responderme.
Todo el tiempo pensé que Rodrigo era el monstruo.
Pero la frase en la espalda de mi hija…
ÉL TAMBIÉN TE MINTIÓ.
No hablaba de Rodrigo.
Hablaba de mi propia familia.
Entonces Rodrigo sacó algo del bolsillo interior de su saco.
Una memoria USB.
—Aquí está todo. Nombres, cuentas, videos. Si algo nos pasa, debe llegar a la fiscalía.
Antes de que pudiera responder, las luces del hospital parpadearon.
Una vez.
Dos veces.
Y se apagaron.
El hospital entero quedó a oscuras.
Entonces escuchamos los disparos.